¿Cien años de inclusión o exclusión? el caso de la Pontificia Universidad Católica del Perú

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Oleo de Harold López

Quien se para a llorar, quien se lamenta contra la piedra hostil del desaliento, quien se pone a otra cosa que no sea el combate, no será un vencedor, será un vencido lento” Miguel Hernandez

Hace más de cien años, un sacerdote católico Jorge Dinthilac[i] estaba preocupado porque la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, no representaba lo que él quería para la juventud limeña, le parecía que la fe católica estaba a punto de desaparecer, y señalaba: “Los colegios religiosos (incluido La Recoleta que su congregación administraba) trabajaban con muy escaso fruto, pues la mayoría de sus alumnos, al poco tiempo de haber abandonado las aulas escolares, se declaraban ateos, o por lo menos indiferentes en materia religiosa. (…) Tan solo existía un remedio puesto en práctica en muchos países, y consistía en fundar una universidad, una Universidad Católica”. Habría que agregar que la Universidad Nacional Mayor de San Marcos acogía cada vez más a estudiantes que no provenían de las clases privilegiadas en un país que todavía se mantiene como el más clasista, patriarcal, religioso y excluyente de Sudamérica; lo cual generaba rechazo en los criollos que veían a sus hijos con no tan “buenas” juntas.

En esos años, regía en el Perú la Constitución Política de 1860, en la cual se señala expresamente en el título II “De la religión” que “la Nación profesa la Religión Católica, Apostólica, Romana: el Estado la protege, y NO permite el ejercicio público de otra alguna[ii] El primero de marzo de 1917 se crea dicha Universidad, por la Congregación de los Sagrados Corazones (la misma que hoy tiene colegios privados, una clínica y otras actividades en Lima, y una Prelatura en la zona de la costa sur del Perú) sin la participación de ningún jesuita y con la aprobación del arzobispo limeño de ese entonces.

Para horror de los conservadores, en 1918 en la Universidad Nacional de Córdoba de la Argentina, surge un movimiento de reforma universitaria, donde la clase media emergente fue la protagonista, en su afán por lograr acceso a la Universidad, hasta entonces controlada por la vieja oligarquía terrateniente y el clero. El movimiento se puso como objetivo derribar las barreras clasistas que hacían de la Universidad un coto cerrado de los que se decían aristócratas. Toda la comunidad universitaria de América Latina fue “afectada” por dicho movimiento.

En los años treinta, San Marcos ya era indigenista y liberal y la Universidad Católica hispanófila y clerical. “La mayoría de los hispanistas simpatizaban con el eje Berlín-Roma, mientras que los otros apoyaban a los aliados” señala Luis Eduardo Valcárcel en su libro de  Memorias.

En 1930, un ex estudiante de la Recoleta, José de la Riva-Agüero y Osma, que había estudiado su pregrado y doctorado en San Marcos, además de ser catedrático en su facultad de letras, mortificado porque su candidato Víctor Andrés Belaunde fue derrotado, renuncia a su Alma Mater, le parecía inverosímil que los estudiantes tomaran la Casona durante diez días y lograran elegir como rector a José Antonio Encinas, un hábil y progresista puneño (región empobrecida de la sierra sur del Perú). Riva Agüero saludaba al estilo nazi en cuanta reunión asistía y un rosario lo acompañaba; se convirtió en ministro de “Justicia y Culto” y Primer Ministro por el dictador Benavides,  que gobernó el Perú bajo el lema de «orden, paz y trabajo», contando con el respaldo del ejército y de la oligarquía; dedicándose con énfasis a la represión a los apristas y comunistas. Sin embargo, Riva-Agüero, cuando Benavides decidió promulgar el divorcio por mutuo disenso, presentó su renuncia. En 1932 la Universidad de San Marcos es clausurada, y personajes como Estuardo Núñez, dirigente estudiantil, expulsado bajo la acusación de  “comunista”, ve que  trasladarse a la Católica constituye un acto de claudicación.

Pasarán los años y Riva Agüero consternado por  la derrota nazi ante los soviéticos en Stalingrado y Kursk y previendo el final del eje, se aisló hasta morir en el Hotel Bolívar (hoy administrado por sus proletarios trabajadores). La Universidad Mayor de San Marcos, seguía siendo un nido de liberales y comunistas para su gusto, por ello, este soltero recalcitrante  entregó toda su fortuna[iii]  a la iglesia católica y a la universidad que había creado.

Durante la dictadura de Odria, la universidad católica se mantuvo conservadora, con un alumnado mayoritariamente criollo y mesocrático. En la década de 1960 la gran expansión de la educación universitaria cambió a la población estudiantil del país, la universidad dejó de ser un espacio exclusivo de las clases altas, donde la izquierda comenzó a crecer para horror de apristas y el resto. Con el gobierno del general Velazco, hubo una reestructuración del gobierno de las universidades, y lo más importante se obligó a las universidades privadas, entre ellas la católica, a instalar sistemas que permitan acceder a estudiantes de bajos recursos. La Universidad Católica y otras instauraron un sistema de escalas de pago, incluso un sistema de préstamo estudiantil. Ello permitió que muchos accedieran a espacios antes vetados.

El influjo del Concilio Vaticano II, y la teología de la liberación, hizo que la iglesia promoviera incluso una mayor discusión al interior de la universidad católica, y con el avanzar de los años, los flamantes centros federados se convirtieron en canteras de líderes de izquierda. Entre los setenta y ochenta la federación de estudiantes FEPUC se pronunciaba sobre diversos hechos de trascendencia nacional además de las de su propio interés.

Incluso estudiantes y docentes no veían bien la actitud servil del presidente  Fernando Belaunde con el imperio, y en la visita que este presidente hizo  en 1983 a la universidad,  fue abucheado en los patios,  en el pabellón de ingeniería dio un discurso ensalzando a Riva Agüero y despotricando del futuro de los alumnos que no lo recibieron como él esperaba.

Belaúnde dirigiendo palabras1983

Sectores liberales, en menor escala, también generaban grupos de análisis y de formación de nuevos cuadros. Producto de ello, en esas décadas incluso se debatía las líneas y escuelas teóricas que debían enseñarse en cada facultad. Quizás esa haya sido la época de mayor productividad intelectual de dicho centro. A su vez, muchos recordarán un servicio social eficaz y bastante objetivo: que hacia pagar más al que tenía más y otorgaba facilidades reales a quien no podía asumir el costo de las pensiones.

Con el arribo del Fujimorismo y el recrudecimiento de la guerra interna, la universidad de “pasmó” y el discurso del “emprendedurismo” y la visión de la educación como un servicio, ganó terreno; la administración convertía a la PUCP en un conglomerado de consultores, cosa que se manifestó en lo mismo que dijera una criolla San Marquina de corazón recientemente fallecida y fundadora del Instituto de Estudios Peruanos, respecto a la “academia oficial”: “En veinte años no han escrito nada nuevo”

 

Obama PUCP

Parte de la comunidad escuchando al “premio de la Paz” Obama en el año 2016, qué lejos está de la que protestaba contra los bombardeos de Vietnam.

Llegamos al 2017 y encontramos a la PUCP de la siguiente manera:

  • Sistema de pensiones poco accesible para las grandes mayorías.
  • Docentes de dos tipos: Unos vigilados para que cumplan horarios que impiden la actualización y la investigación; y otros como vacas sagradas que incluyen a sus hijos, parejas, y amigos cariñosos como miembros de la comunidad; incluyendo viajes en primera clase.
  • Licitación de servicios: Alimentos, fotocopias, y otros al mejor postor. Cual administrador de Centro Comercial (Mall para los que no entienden español) Plaza San Miguel (antigua propiedad de la PUCP), oferta stand y espacios a cadenas de comida rápida y empresas para que vendan alimentos, fotocopias y otras cosas a docentes y alumnos. Si uno antes pasaba de la cafetería central con una milanesa que se salía del plato, a la de “nerds”, al “ruso” (por “moscovita”, es decir por las moscas que había) o la “glamorosa” de artes; hoy uno escoge entre el grasiento pollo frito y cafés o jugos en descartables, en espacios tan naturales como el plástico.
  • Espantosos edificios construidos con deficiencias que cualquier ingeniero o arquitecto bien formado puede apreciar, levantados por “conocidos” del grupo que la controla.
  • Una separación escandalosa de trabajadores; por una lado funcionarios que utilizan los recursos de la comunidad para fines no tan santos, y por otro lado, los obreros y otros, que tienen prohibido ingresar a la ciudad universitaria por donde ingresan las visitas y los estudiantes; impedidos de utilizar los espacios libres para almorzar o descansar, y el pago atrasado de sus salarios.
  • Una costra de privilegiados (varios denominados “izquierdistas caviares” en la lista) que se hace pagar una célula viva, explicada de la siguiente manera: Ingresos que cuando era miembro activo privilegiado de la PUCP= X; pensión que me da la AFP = Z; aporte de la PUCP a mi pensión además de la que me da la AFP= Y; Total Z+Y = X. (¿para eso, el aumento de pensiones?)
  • ¿Y la investigación? fuera de las consultorías a empresas cuestionables y similares, no se ha visto nada nuevo, en viente años…
  • Y la cereza del pastel: “Asociación de padres de familia” de facto, cual niños de kindergarden, la actual administración promueve involucrar a los padres de familia. ¿Qué esperan, al discurso monocorde, también limitar la iniciativa, el libre criterio? Solo falta que envíen el reporte de notas, o ya lo hacen…

Andres racismo

Caricatura modificada de Andrés Edery

Por suerte, hoy se ve indicios, de parte de los alumnos y algunos docentes (otros, impresentables, de dedican a ensalzar lo inexistente), de renovar la universidad, de preocuparse por algo más que el precio de tal o cual servicio, que la educación NO es un servicio. Veremos qué pasa, si la PUCP logra superar su crisis y genera lo que el país necesita o termina como un centro de emisión de diplomas a quien pague; como varias universidades garaje que pululan en Lima y el resto del país.

“El hambre es el primero de los conocimientos: tener hambre es la cosa primera que se aprende”. Miguel Hernández

 

[i] “Cómo nació y se desarrolló la Universidad Católica del Perú, 30 años de vida (1917-1946)”. Lima, Perú. 1947, p. 7

[ii] ”Constitución Política del Perú de 1860,Título II, artículo N°4: De la religión.

[iii] Fortuna heredada principalmente de su tía por línea materna: Rosa Julia de Osma y Sancho-Dávila, marquesa de Casa-Dávila. Herencia que incluía la Casona de Ramírez de Arellano, la casa O’Higgins, la finca del almirante Grau, y el Fundo Pando con 314 hectáreas, que bordeaba el lado oeste de la Lima de ese entonces.


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