LA ISLA BONITA

(Este artículo se escribió en octubre del 2014)

Luego de dos semanas en Cuba, celebrando las derrotas de los de siempre o de sus lacónicos sirvientes, se pudo comprobar que los pueblos merecen lo que tiene y que cada quien pague las consecuencias de su opción.
Como siempre, los marginales encontrarán motivos para quejarse, y los ingenuos querrán vivir el gobierno que hasta la fecha en ningún territorio del mundo se ha dado. Uno de estos, un afroamericano de 50 años, mesero de un barcito 100% privado en pleno Malecón de La Habana, se quejaba del sistema, que accedía poco al internet y que los precios de los autos eran muy elevados…; al rato, cuando un adolescente le preguntó cómo hacia para mantener la muy buena musculatura que poseía; éste – en tono pedagógico- le indicó: “Que se debía al intenso ejercicio…que él se iba al gimnasio, en el peor día, como mínimo tres horas, que hoy todos queremos vernos chévere, y que debía descansar muy bien, mínimo unas 8 horas; y alimentarse con mucha proteína, y algún aditamento para evitar el envejecimiento prematuro, sin olvidar un chequeo integral cada 6 meses; que su jornada laboral era de 6 horas, y luego se iba caminando a su casa con sus ganancias diarias, de unos muchos CUCs (la moneda equivalente a 1 dólar norteamericano) en el bolsillo, y con mucha tranquilidad, ya no había visto un asalto en sus últimos 30 años…” Sonriendo todos por el discurso, le pagamos sus 2 CUC por cada cerveza tomada (6 soles y algo más) y nos largamos por las ironías del destino.
A estos, sería bueno que el sistema capitalista les cayera como terapia de shock, que el racismo y clasismo que se palpa en el Perú o en México o Chile les embadurnara su existencia un buen periodo; que la inseguridad los pisoteara un buen rato; que los precios de salud (la que te cura) los visitaran un tanto; que la polución, el tráfico y la opinión basura televisada y del entorno los maquillaran diariamente. Que el tráfico, los baches y vías estrechas, las niñas y niños callejeros que duermen en la calle (Y que no hay en Cuba) se oculten tras los vidrios polarizados del auto que pueda comprar; que los pagos por la educación (la que sirve) de sus hijos los persiga cada el fin de mes; y cuando todo eso haya pasado, que vayan a quejar en alguna plaza como ahora se ve hoy en Europa, y solo ahí, se los observará y no se hará nada, que se jodan.
Solo se espera que el pueblo de Trinidad se mantenga como está o mejore, ya que en cualquier centro colonial, como sucede en el Perú, siempre no falta el emergente que, creyendo que la autoestima se compra, construya un edificio de cinco o seis pisos, cemento y fierro, con ventanas de colores en nombre de la “modernidad” y el “emprendedurismo”. Por suerte hay todavìa una organizaciòn impide esa barbaridad.

Trinidad

Vista de Trinidad desde el campanario de la iglesia principal, hoy un museo de los combatientes contra los bandoleros que, financiados por los norteamericanos, asolaron la zona, en los primeros años de la década de sesenta del siglo XX. Una ciudad como una mezcla de Cusco con Punta Sal de Tumbes, con el Caribe de fondo. 


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s