LA PRIMERA HUELGA REGISTRADA DE LA HISTORIA

Un papiro escrito hace 3166 años por el escriba Amennajet, testigo de los hechos, y que se guarda en el Museo Egipcio de Turín, registra una huelga, quizás hubo otras anteriores, pero ésta es de trascendencia histórica.

Columnas del templo de Ramsés III

Ramsés III y la época

Cuando en Perú la cultura Chavin estaba en su esplendor y en México aparecía la civilización Olmeca, en Egipto gobernaba Ramsés III; segundo faraón de la XX dinastía. En una gestión similar a la de Putin en Rusia, durante casi tres décadas se dedicó a reorganizar el imperio nuevo, que venía de un periodo lleno de disturbios y anarquía. Reestructuró el ejército y recuperó el tributo de varias provincias rebeldes, derrotando a su vez, diversas invasiones. El peligro Hitita ya había desaparecido, y Ramsés III intervino en localidades tan lejanas como Chipre y en la cuenca del Éufrates. Producto de sus victorias hubo una gran cantidad de pueblos esclavizados que se utilizaron para mejorar la infraestructura del país africano, y construir nuevos templos y su futura gran tumba, la KV11.  Al interior también tuvo que lidiar con múltiples conspiraciones para asesinarlo, no tantas como las 637 que tuvo que sortear Fidel, ni con tanta suerte dado que sucumbió en la última, tal como lo registra su momia que muestra un corte de garganta profundo. La religión estaba hecha para que el pueblo perciba al faraón como un Dios.

Momia de Ramsés III en el Museo de El Cairo

Con los enormes proyectos de construcción, se amplía la burocracia y mientras las élites comienzan un amplio despilfarro producto de la bonanza, los supervisores (sacerdotes en su gran mayoría) se percatan de que manejaban ingentes recursos sin supervisión, dado que ellos eran los que llevaban el censo de los trabajadores y sus respectivas retribuciones.

En la sofisticada sociedad egipcia, los trabajadores no solo se dedicaban a la ganadería y agricultura, sino también a la construcción e industria, esta parte de la base de la sociedad subsistía vendiendo su mano de obra y conocimientos (la mayoría técnicos y obreros especializados), al Estado, recibiendo en contraprestación de sus servicios: alimentos, vestido y herramientas. El uso de un único medio de cambio (moneda) todavía no estaba establecido, y las referencias eran:

  • 10 hogazas de pan de trigo y una medida de cerveza (2.5 jarras) = salario de un obrero.
  • 500 hogazas de pan para un maestro de obras.
  • 72 sacos (de 76 litros cada uno) de cereales al mes para capataces y escribas.

Era común que recibieran, cuando se desplazaban fuera de sus comunidades, pan, cerveza, dátiles, verduras y agua potable (el valle de las tumbas es un desierto neto). La carne y frutas se entregaban solo en fiestas (que eran muchas).

El amplio sistema de pagos y construcciones, y un inadecuado control hace que la corrupción prospere. En un ostracón, que se haya en museo de Berlín se lee: “Comunico a mi señor que estoy trabajando en las tumbas reales, estoy trabajando bien, no soy en absoluto negligente. Comunico a mi señor que estamos totalmente empobrecidos, se nos ha quitado saco y medio de cebada, para darnos saco y medio de basura[i]

La huelga

En el poblado de Deir el-medina, los artesanos egipcios que se habían desplazado hasta ahí, no recibían los bienes a cambio de su trabajo por más de tres semanas.  El conflicto comenzó con quejas iniciales y derivó en reclamos más fuertes. Según el papiro: “Al segundo mes de la segunda estación, día 10, año 29. Un bando cruzó los cinco muros de la necrópolis gritando: Tenemos hambre, y se sentaron a espaldas del templo de Tutmosis III, en el límite de los campos…

Pasadizo interno de la tumba de Ramsés III

Es decir, los artesanos marcharon en protesta, desafiando a las autoridades, donde el jefe supremo era considerado un Dios. Algunos servidores de los templos les dieron algunos víveres, que obviamente no fueron suficientes, por lo cual procedieron a ocupar dichos edificios y paralizar los ritos. Sacerdotes y sus sirvientes eran los que acaparaban los víveres, reteniéndolos. Escribas fungieron de intermediarios, haciendo promesas que no pudieron cumplir y provocando una ocupación mayor, la del mausoleo de Ramsés II, que provocó la huida de porteros, guardias y contadores que no se atrevieron a enfrentar a los huelguistas.

Dada la presión, se les entregó las raciones del mes anterior, pero los artesanos reclamaron las del mes en curso. Las cuales también fueron entregadas.  Sin embargo, a las dos semanas, volvieron a salir en manifestación, señalando “No nos iremos, digan a sus superiores, … que no hemos cruzado los muros a causa del hambre solamente, sino que tenemos que hacer una acusación importante porque ciertamente se están cometiendo crímenes en este lugar…”, en otras palabras, denuncian la corrupción y la utilizaban en sus reclamos.  

No hay registro del final de la huelga; pero si de otros conflictos posteriores por el retraso de los pagos. Con el cambio de gobierno, y al no procurar una solución real, se suscitaron robos y saqueos en las tumbas de los alrededores. Muchos artesanos sabían cómo sortear los seguros e ingresar a ellas, dado que ellos las habían construido.

Mural de la tumba de Ramsés III

Conclusiones

Por primera vez en la historia, trabajadores organizados manifestaban sus pedidos a través de una paralización de sus labores, con el objetivo de hacer valer los derechos adquiridos en el pacto social que tenían.

El papiro registra:

  • Cese de labores concertado
  • Reclamos reiterados por retribuciones atrasadas.
  • Denuncias a los funcionarios (sacerdotes e intermediarios) por violaciones a la ley imperante (corrupción y sacrilegios).
  • Ocupaciones y plantones organizados.

Las huelgas continuaron hasta que se abandonó el Valle de los Reyes como lugar para los sepulcros reales, por lo cual, esta huelga fue un precedente en ese gran imperio.  Las obras se concluyeron y son ahora patrimonio de todos nosotros.

Columnas del segundo patio del Templo de Ramsés III

[i] Un ostracón es una pieza de cerámica u otros materiales que, en la Antigüedad, contenía inscripciones de carácter práctico. Ostracon 10663 del museo de Berlín.


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