Los mitos de Colón y la historia oficial

La península Ibérica a finales del siglo XV estaba en gran parte dominada por una dupla autocrática, que tenía una concepción ultraconservadora (clasista y excluyente) que impedía generar los movimientos sociales y académicos que sucedían en otras regiones de Europa.  Los dominios de Fernando de Aragón alcanzaban el sur de Italia; e intervino para que se designe a un siervo suyo, el arzobispo de Valencia, Rodrigo de Borja, como Papa en agosto de 1492 con el nombre de Alejandro VI. Éste pasaría a la historia como jefe de la casa Borgia, y con sus hijos dominaría, con prácticas no muy “cristianas”, la política italiana por dos décadas. La alianza con el papado rindió excelentes frutos, entre ellos el Edicto de Granada, emitido el 31 de marzo de 1492, por el cual un quinto de millón de judíos fue expulsado de todos los territorios dominados por la dupla; los bienes de los mismos fueron repartidos entre la Santa Sede y los “reyes católicos”. Como buen “cristiano” el papa Borgia, permitió el asentamiento de ricas familias judías en Roma, a cambio de que estas pagasen anualmente un impuesto especial por su permanencia; acrecentando las arcas de la familia papal. Los judíos pobres emigraron a territorios del imperio otomano, donde fueron mejor recibidos.

Expansión del reino de Aragón

Por su parte, la reina de Castilla terminaba la conquista de las Islas Canarias. En 1494, se envió la última expedición hacia las islas, donde sus regimientos con caballos, armaduras y perros de guerra acabaron por casi exterminar a los Guanches (con características fenotípicas similares a los habitantes del sur de la península), que habían habitado por siglos esas islas. Los últimos guanches se rindieron en 1496 terminando como siervos de los invasores.

La otra potencia de la península era el reino de Portugal, y dado el Tratado de Alcazobas ratificado en 1480, se tenía paz y bien divididas las zonas de influencia en el atlántico: Portugal mantuvo el control sobre sus posesiones africanas. Y Castilla la soberanía sobre las islas Canarias y otras que pudiera encontrar hacia el norte… Pronto sería modificado por el El Tratado de Tordesillas de 1494, donde se estableció un reparto de las zonas de navegación y conquista del océano Atlántico y del “Nuevo Mundo” mediante una línea situada a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde.

Tratado de Alcazobas
Tratado de Tordesillas

Las fuerzas de las coronas aragonesa y castellana llegan a fines del siglo XV con una experiencia de guerra que eran un peligro potencial si se quedaban al interior de la península. La dupla de reyes había limitado el poder de la nobleza y distribuyeron grandes extensiones de terreno a elegidos que se dedicaron a la ganadería, estos talaron los bosques formando nuevos pastizales para el pastoreo de las ovejas (de raza merino), la lana se vendía a las fábricas en Flandes, Italia, e Inglaterra principalmente; parte de los ingresos iba a las arcas de la dupla autocrática. Se modificó el paisaje ibérico, casi todo Castilla estaba dedicada al negocio de la lana controlado por la Mesta (Organización de ganaderos), que convirtió a los agricultores en marginales, siendo la única alternativa integrarse a las bandas armadas que se necesitaban para las expediciones militares.  Los reales beneficiarios de esta situación fueron los banqueros o mercaderes italianos y flamencos que controlaban el comercio de lanas y a su vez prestaban dinero a la dupla reinante.

Mapa de La Mesta, con las ordenes de nobles ganaderos que la controlaban

Es en ese contexto, en el cual se da la expedición de Cristóbal Colón, que arriba a la isla de Cayo Samana (y no en la isla llamada, hasta 1926, de Watling o San Salvador) un sábado 13 de octubre de 1492, que Colón modifica por un día antes, por ser el 13 el número de la mala suerte, y por ser el 12 de octubre el día de Nuestra Señora del Pilar, patrona de sus patrocinadores.

Al llegar a la isla bautizada como La Española, descubren que los pobladores originarios utilizan ornamentos de oro, y comienza a realizar expediciones de conquista, siendo el objeto de los diversos viajes el aprovisionamiento de hombres y armas para dichas acciones. Las violaciones sexuales a mujeres y niños y el robo permanente hacen que la resistencia se vuelva feroz, hasta que, en el combate del Santo Cerro, el 24 de marzo de 1495, las últimas fuerzas originarias son vencidas. Colón, instaura ahí un tributo, donde todos los originarios, denominados taínos, mayores de 14 años, debían de cada tres meses entregar a las autoridades un cascabel de Flandes, lleno de pepitas o polvo de oro. Los residentes en regiones donde el oro era escaso, tenían que pagar su tributo con una arroba de algodón. A los que cumplían se les imponía una chapa de latón al cuello, los que no, se los esclavizaba.

Combate de La Vega o de Santo Cerro

Si bien la cantidad que cabía en un cascabel no era muy grande, era poco probable que se pudiera cubrir esas cuotas, “ni en seis ni ocho meses y hartas veces en un año, por faltarles la industria” escribiría el encomendero Bartolomé de las Casas. Por lo que muchos huían a las montañas y otros terminaban esclavizados.

Detalle de un mural de Diego Rivera

Ya en la recién fundada Santo Domingo, Colón y sus hermanos en alianza con su antiguo enemigo Roldán, disfrutan del producto del trabajo esclavo en las minas de San Cristóbal, y otros descubiertos en los últimos días de 1499. Cualquier desafío es eliminado a sangre y fuego. La dupla reinante escandalizada con las noticias que llegaban de las nuevas tierras, deciden sustituir a Colón y nombran Juez pesquisidor con plenos poderes a Don Francisco Bobadilla, de la alta nobleza, quien toma preso a los Colón y los envía engrilletados a España, no sin antes transferir todas las pertenencias de la familia del navegante a sus relacionados y nuevos amigos. Bobadilla ofrecería nativos en encomienda y tierras a cambio de su apoyo contra los Colón.

Perreando indios

Se instaura así la encomienda, que fue una institución implementada en las colonias castellanas en América con el fin de sacar provecho de la mano de obra indígena. Se basa en la entrega de un grupo de nativos a un oficial europeo, éste debía “protegerlos”, “educarlos” y evangelizarlos y ellos a cambio les entregarían su trabajo como un tributo. La finalidad real era la de premiar el servicio de los conquistadores. Todos querían ser grandes señores, emulando lo que habían visto en su tierra de origen y donde NO podían serlo. El medio era obtener nuevos territorios con SU repartimiento de nativos. Se crea así una nueva casta de propietarios militares, origen de las primeras clases altas en las colonias hispanas.  Para colmo, en la encomienda, los indígenas eran responsables de la manutención de los religiosos.

Mural de Diego Rivera

En México hasta antes de la revolución y en Perú hasta 1970, y en Colombia o Honduras hasta hace poco, las haciendas eran vendidas o transferidas con sus “indios o negros” incluidos. Y durante todo el siglo XX en Argentina, Brasil, Perú, y Colombia se entregaban enormes extensiones de tierra, con sus pueblos originarios incluido, a colonos con el compromiso de llevar la “civilización” a los nativos. En el norte y sur argentino, todavía se sigue practicando el “chineo”, donde partidas de criollos o mestizos aculturados se inician sexualmente con niñas y jóvenes de pueblos originarios, invisibilizados por la historia oficial, cosa que se repite en otras zonas de Latinoamérica. No hay entonces nada que celebrar.

Peones de hacienda mexicanos en 1910

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