SUBORDINACIÓN EXPLÍCITA:LA IRRACIONAL RUPTURA DE RELACIONES CON EL VENCEDOR DE LA GUERRA DEL GOLFO, DEL ACTUAL GOBIERNO DEL PERÚ

1. El estado de la guerra: un vencedor sin victoria proclamada

La guerra entre Estados Unidos e Irán, iniciada el 28 de febrero de 2026 con los bombardeos que mataron al líder supremo Alí Jameneí, no ha producido ninguno de los objetivos que Washington proclamó al inicio. Irán no ha variado sus exigencias centrales fijadas en el memorando de entendimiento (MOU) firmado en junio en Islamabad. El Arms Control Association documenta que los ataques no alteraron de fondo el estatus del programa nuclear iraní, mostrando que los bombardeos no eliminan esa capacidad. J Street, centro liberal proisraelí —relevante aquí precisamente por no simpatizar con Teherán— reconoce que los servicios de inteligencia estadounidenses estiman que Irán no tiene intención de hacer concesiones significativas en el archivo nuclear.

El control del estrecho de Ormuz, abierto al tránsito libre antes de la guerra, hoy responde de facto a la voluntad iraní de bloqueo o apertura selectiva. El Council on Foreign Relations —fuente establishment, no restraint— tituló sin rodeos que, seis meses después de iniciada la guerra, Estados Unidos no tiene buenas opciones, y que la operación no logró la victoria rápida que Trump había anticipado.

El 1 de septiembre, Estados Unidos lanzó una nueva ofensiva contra objetivos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, e Irán respondió con misiles y drones contra Jordania y Baréin — una represalia multipunto, más que proporcional al ataque inicial.

1.1 El desgaste militar y financiero de Estados Unidos

  • Municiones: el Center for Strategic and International Studies documenta el disparo de 150 interceptores THAAD y 24 misiles Tomahawk solo durante la «Guerra de los Doce Días»; el Soufan Center reporta que hacia fines de agosto se había agotado cerca del 80% del stock de THAAD y la mitad de los Patriot, forzando transferencias de armamento desde Europa y Asia. Se confirma que ese déficit fue motivo explícito para que Trump cancelara nuevos ataques en agosto.
  • Reservas estratégicas: el Departamento de Energía admite que la Reserva Estratégica de Petróleo cayó a 325,7 millones de barriles, el nivel más bajo desde 1983, muy por debajo de su capacidad de 714 millones, con una reposición calificada de «política y logísticamente compleja» por analistas del sector.
  • Respaldo interno: la encuesta Reuters/Ipsos registra que el apoyo a la guerra cayó a 31%, con la aprobación republicana retrocediendo de 77% a 69%, mientras los votantes independientes favorecen a los demócratas 33 a 19 de cara a las legislativas de noviembre. Cuatro de cinco encuestados atribuyen a la guerra el alza de precios de combustibles y alimentos.

Fuentes: CSIS, Soufan Center, Departamento de Energía de EE.UU., Reuters/Ipsos.

1.2 Las salidas que maneja Washington

  • Negociación degradada: aceptar un cese sin cambio de régime ni desmantelamiento nuclear, cediendo en Ormuz a cambio de que Irán no ataque a los aliados del Golfo — la opción que el American Prospect llama «la menos mala«.
  • Presión económica sin guerra: la «Operación Economic Outcast» del secretario del Tesoro Bessent, con sanciones secundarias contra compradores de crudo iraní — que choca con China, comprador de más del 80% de las exportaciones petroleras iraníes.
  • Escalar de nuevo: opción que Trump probó el 1 de septiembre, inviable en el mediano plazo por el déficit de interceptores documentado.
  • Repliegue regional: el CFR anticipa una presencia militar estadounidense decreciente en el Golfo, mientras Turquía, Arabia Saudita y Pakistán firmaron en agosto un nuevo pacto de defensa que reduce su dependencia de Washington.

Fuentes: Quincy Institute for Responsible Statecraft, Council on Foreign Relations, American Prospect, Al Jazeera.

2. La reconfiguración regional: Irán como potencia y el reacomodo del Golfo

La cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), celebrada en Biskek el 31 de agosto y 1 de septiembre, procesó la crisis en un foro explícitamente no occidental: Irán participó al máximo nivel, con su presidente Pezeshkian en la sesión plenaria junto a Putin, Xi, Modi y el primer ministro paquistaní Sharif. La declaración final calificó los ataques a Irán como violatorios del derecho internacional y de la Carta de la ONU, y omitió cualquier mención a la invasión rusa de Ucrania — señal de que China y Rusia priorizaron cerrar filas en torno a Teherán. Turquía asistió como socio de diálogo (no como observador, estatus que corresponde a Afganistán y Mongolia), continuidad de un vínculo ya existente que en esta coyuntura refuerza la lectura de reacomodo. Estados Unidos, la Unión Europea, Israel, Japón, Corea del Sur y Australia no son miembros ni socios de diálogo de la OCS: su ausencia es estructural, pero no por ello menos indicativa del desplazamiento del centro de gravedad diplomático de la crisis hacia Asia.

China: Presidente Xi Jinping, Rusia: Presidente Vladímir Putin, India: Primer Ministro Narendra Modi, Irán: Presidente Masoud Pezeshkian, Pakistán: Primer Ministro Shehbaz Sharif entre otros en la ultima reunión de la OCS

2.1 Los Estados del Golfo: origen estructural de dependencia, agenda diferenciada

Las monarquías del Golfo se formaron bajo protectorado británico (los «Estados de la Tregua» desde 1820) y, tras el repliegue británico «al este de Suez» en 1971, Estados Unidos asumió ese rol de garante, formalizado en la Doctrina Carter de 1980. Las familias gobernantes deben su consolidación dinástica a ese patrocinio externo, y la ciudadanía nativa es minoritaria: en Emiratos y Catar ronda el 10-12% de la población residente, en Kuwait cerca de un tercio, en Baréin poco menos de la mitad. Esa estructura de dependencia de protección —no el alineamiento táctico cotidiano— es lo que define a estos Estados como clientes del poder hegemónico de turno.

  • Arabia Saudita propuso a Irán un pacto de no agresión mutua inspirado en Helsinki 1975, buscando explícitamente autonomía frente a Washington — continuidad del deshielo saudí-iraní mediado por China en 2023.
  • Emiratos Árabes Unidos tomó el camino inverso: se retiró de la OPEP y profundizó su vínculo con Israel y Estados Unidos como eje de su proyección internacional.
  • Entre Riad y Abu Dabi hay ruptura abierta por Yemen, tras el choque por el Consejo de Transición del Sur — evidencia de que cada capital juega su propia partida dentro del marco de dependencia estructural común.
  • Baréin es el caso de fragilidad más claro: única monarquía del Golfo con mayoría poblacional chiita gobernada por una dinastía suní. El levantamiento de 2011 fue sofocado con tropas saudíes y emiratíes, y el vínculo entre la comunidad chiita local e Irán es documentado — el líder espiritual de la principal fuerza opositora se refugió en Irán tras 2011. Hubo nuevas protestas en mayo de 2026 por detenciones de clérigos.
  • Catar y Emiratos comparten la ciudadanía minoritaria y la dependencia de protección externa, pero no tienen mayoría chiita ni historial de movilización interna comparable al bareiní; su vulnerabilidad es de exposición militar y legitimidad, no de fractura sectaria interna.
  • Kuwait tiene una minoría chiita cercana al 30% de sus ciudadanos y limita con el sur de Irak, zona de milicias alineadas con Teherán, además de su cercanía marítima directa con Irán — la posición más expuesta geográficamente, aunque su sistema político, con Asamblea Nacional electa, es más plural que el resto del Golfo.
  • Los huties de Yemen no son un simple proxy iraní: el CSIS señala que, de serlo, su conducta podría subsumirse en cualquier acuerdo entre Washington y Teherán. No lo es — se conciben como poder islámico independiente, de identidad zaidí distinta a la Wilayat al-Faqih iraní, y marcan agenda propia según su cálculo en Yemen. Su persistencia no depende de que Irán la sostenga, sino de que ni Irán la controla del todo.

Fuentes: Quincy Institute, ISPI, Responsible Statecraft, CSIS, Stimson Center, RFI, medios regionales sobre Baréin, Arabprogress.

3. El caso peruano: ruptura sin interés material, con marca de alineamiento

El 1 de septiembre de 2026, el gobierno de Keiko Fujimori rompió relaciones diplomáticas con Irán, invocando el artículo 45 de la Convención de Viena de 1961. La Cancillería justificó la medida en la disrupción del estrecho de Ormuz desde marzo, “la obstrucción iraní a inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica”, (sabiendo que esa agencia OIEA tiene cuestionamientos en el Sur Global) y el «deterioro democrático» (Obviamente las monarquías del golfo y Ucrania, para esta cancillería son ejemplos democráticos).

3.1 Ausencia de interés material

El comercio bilateral es marginal hasta la irrelevancia estadística: exportaciones peruanas a Irán por USD 643.000 en 2025 (90% vacunas veterinarias), importaciones por USD 671.000, sobre un comercio exterior total peruano superior a USD 129.000 millones. No existe ningún interés comercial, energético o estratégico peruano que la ruptura proteja. Bajo cualquier cálculo de costo-beneficio soberano, no hay beneficio identificable — solo el riesgo simbólico de figurar como parte de una crisis ajena al interés nacional.

3.2 Marca de alineamiento

  • El canciller Carlos Espá fue empleado de comunicaciones por quince  años en la Embajada de Estados Unidos en Lima antes de asumir el cargo.
  • El lenguaje del comunicado peruano —obstrucción al OIEA, «disrupción» de Ormuz, deterioro democrático— reproduce el marco discursivo empleado por el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) y el Departamento del Tesoro en sus propias declaraciones sobre la crisis.
  • La medida se produce en un contexto de coerción económica explícita: la política arancelaria de Washington amenaza con un 25% a los países que comercien con Irán, presión que alcanza también a Brasil, Venezuela y Argentina.
  • Perú no es un caso aislado: Argentina expulsó en abril de 2026 a un diplomático iraní invocando el mismo artículo de la Convención de Viena — patrón regional entre gobiernos de derecha, ya sea por presión directa o por alineamiento ideológico genuino con la agenda de Washington/Israel. Ninguna de las dos lecturas rescata al acto de su irracionalidad en términos de interés nacional objetivo.

Fuentes: Cancillería del Perú, ADEX Data Trade, Infobae Perú, Prensa Latina, World Integrated Trade Solution (Banco Mundial).

3.3 El desbalance frente al socio real: China

Desde el criterio de interés nacional objetivo —maximizar autonomía y minimizar riesgos innecesarios a los flujos que realmente sostienen la economía—, la decisión es desbalanceada. Prioriza una señal política de bajo valor material hacia el socio secundario (Estados Unidos) a costa de una señal innecesaria hacia el socio primario (China), en un tema (Irán) donde Perú no tiene ningún interés propio significativo.

En resumen: los hechos comerciales confirman que la ruptura es una decisión de alineamiento ideológico/político, no de cálculo soberano de costos y beneficios. Cuando la dependencia real está del lado chino, subordinar la política exterior a la agenda estadounidense en este expediente resulta, efectivamente, irracional desde el punto de vista del interés material peruano.

4. Conclusión

La ruptura peruana con Irán se produce en el momento en que el propio «vencedor» nominal de esta guerra —Estados Unidos— exhibe el mayor desgaste militar, financiero y político de todo el conflicto, y cuando Irán consolida su presencia como potencia regional en foros no occidentales. Perú no arriesga ni gana nada material con esta decisión: ni protege comercio, ni gana influencia, ni reduce ningún riesgo de seguridad propio. Lo único que la ruptura comunica con claridad es la disposición de la actual gestión a alinear su política exterior con el relato de un poder hegemónico que, según la evidencia recogida en este documento, ya no está en condiciones de imponer los términos de esta guerra ni de garantizar la protección que ofreció a sus clientes históricos. Es, en ese sentido preciso, subordinación explícita: gratuita en el balance de intereses, y oportuna solo para quien la pide.


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