CASI DOS SIGLOS DE PROCASTINACIÓN EN EL PERÚ

En la República del Perú, desde sus inicios lo único que se ha fortalecido es el hábito de postergar acciones para resolver problemas que deben atenderse, sustituyéndolos por otras situaciones más irrelevantes y prefabricadas.

Y una de las más ridículas es la celebración del 28 de julio. Y es que dada la pésima educación que se imparte en universidades y colegios, aunada a la labor de historiadores a sueldo, la percepción del gran público está más alejada de lo que en verdad pasó, tanto como la distancia que existe entre el honor y la conducta de la actual pareja presidencial.

No esta demás señalar que a principios de la segunda mitad siglo XVIII imperaban distintas agrupaciones montoneras en amplias zonas del virreinato del Perú, los primeros gritos independistas fueron los de ellas, compuestas principalmente por indígenas o ‘cholos’ mujeres y hombres indistintamente, y no por los de los criollos, estos últimos no veían gran beneficio en separarse de la Corona Española. El proceso de la independencia de los virreinatos sudamericanos estuvo desde un principio apoyado por intereses comerciales y financieros de Inglaterra. A principios de la segunda década del siglo XIX, estas guerrillas controlaban la zona rural del valle del Rimac, y hacían la vida imposible a las élites limeñas. En los actuales conos, los que mandaban eran los “cholos” armados, que esperaban la oportunidad para tomar Lima.

Es en ese contexto, cuando San Martin ocupa Lima, en función a un pedido que el propio Virrey La Serna le había solicitado por escrito, dado que temía que las montoneras ingresaran primero. Es más, cuando La Serna parte de la capital, es escoltado por las fuerzas de San Martín hasta Huarochirí. Ante las suplicas de los criollos limeños, ente el 9 y 12 de julio, ingresaron las tropas argentino chilenas a Lima, acompañadas de algunas partidas de montoneros (No todas, ya que la mayoría se mantenía con un accionar autónomo). El 14 de julio se obliga al Ayuntamiento a convocar a un Cabildo, que fue la condición de San Martin para acceder a Lima. Al día siguiente se reunió el Cabildo, con sólo los regidores perpetuos, los nobles de Castilla, los miembros de las órdenes militares, el cabildo eclesiástico y los titulares de familias distinguidas. El resto, como siempre, fue totalmente excluido, ni que decir de las mujeres o los “cholos” o los indios. El acta fue redactada por el lugarteniente de San Martin, el ariqueño Manuel Pérez de Tudela y Vílchez, esa frase de “la voluntad popular” no procedía de algún intelectual local; y fue firmada ese mismo día por conveniencia, o por temor por solo 339 “prohombres” de la ciudad. Muchos otros se escondieron o se “enfermaron” para no estampar su firma.

Luego, para el 28 se programó una ceremonia, a la usanza colonial, estratificada y clasista en extremo, no había diferencia alguna, San Martin era como un nuevo Virrey; hasta la nueva bandera era similar a la de la corona, la gloriosa cruz de Borgoña, de los Tercios había devenido en la nueva enseña de España, y la que “ideo” San Martin no era otra que la misma con un ligero cambio del color amarillo por el blanco, y con el sol argentino en el centro. Eso del sueño del general San Martín no es más que una fábula infantil.

La siguiente ilustración publicitada por historiadores del fracaso, muestra una escena que podria darse en cualquier sitio de la europa católica, sin la gracia de Velasquez o la ironía de Goya.

bicentenario_de_independencia

Muchos que firmaron el acta del 15 de julio, se olvidaron pronto de su compromiso escrito, y apoyaron la causa realista con su peculio y su sangre, muchos otros partieron a la península, y varios siguieron manteniendo sus privilegios y patrimonio, erradicando de la historia a su principal enemigo: Las montoneras, entre ellas, las de Francisco Vidal, José Antonio Manrique, Ignacio Quispe Ninavilca, Cayetano Quirós, Juan Evangelista Vivas y Guillermo Cairo, Juan Jiménez y José Antonio Riquero, o las de Mariano Fano, con su agrupación denominada “Chaupi Huaranga”.

La ceremonia del 28 de julio no paso de ser una buena juerga.

La “democracia” que surgió es esos años, solo aceptaba a pocos, y los clasificaba por su peculio y linaje; donde el voto de Marqués de la Loma del Pila, valía 1000 veces más que el del tendero criollo de la esquina, e infinitamente más que el de un no propietario. Los indios, los negros y las mujeres no eran considerados, se tendría que llegar recién al año 1979 para que la movilización de la izquierda, en contra una junta militar,  impusiera el voto universal.

Por ello la angustia que sentía José María Arguedas al ver un desfile de finales de julio, “como mierda mis hermanos (indios) aplauden esa miserable fanfarria”.


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