COLOMBIA Y EL REGRESO DE LAS FARC

Masacre en Colombia, óleo de F. Botero

Los “pura sangre”

Colombia es uno de los países más desiguales y donde la movilidad social, entre clases, no es solo difícil sino está reglamentada para que no la haya. La sociedad colombiana es como la peruana antes de Velasco, la mexicana previa a la revolución, la argentina previa a Rosas.

La élite criolla se ha mantenido más o menos estable en los últimos 100 años, es un país curioso donde los presidentes y los candidatos a presidentes son de la misma familia que ya tuvo a anteriores gobernantes. Así estos descendientes heredan todo el aparato político de sus ascendientes e intentan replicar la apuesta, muchas veces con éxito; repitiéndose esto tanto a nivel del gobierno central, como departamental e incluso municipal.

Las “grandes” familias participan en esta contienda casi endogámica: Andrés Pastrana Arango fue presidente, al igual que su padre Misael Pastrana; Juan M. Santos es nieto de Eduardo Santos, presidente del partido liberal y gobernante de Colombia entre 1938 y 1942. Germán Vargas Lleras (nieto Carlos Lleras Restrepo), fue precandidato en las elecciones de 2010 y el hijo de César Gaviria, fue presidente de la Cámara de Representantes y quiere ser gobernante. El colmo fue en el año 1974, los tres principales candidatos presidenciales eran hijos de ex presidentes: Alfonso López Michelsen, Álvaro Gómez y María Eugenia Rojas. La familia Ospina han tenido tres presidentes: Mariano Ospina, Pedro Ospina y Mariano Ospina Pérez (nieto del primero y sobrino del segundo)

Las “grandes” familias no se restringen a Bogotá, muchas tienen su base en departamentos y no precisamente con ingresos enormes, un jefe de cartel tiene 1000 veces el patrimonio de ellos, simplemente “pertenecen a la clase destinada a gobernar”.  Este estamento social trata de mantener el control del discurso político “correcto” de Colombia.

Producto de lo anterior, es obvio que Colombia tenga un discurso oficial conservador, poco proclive a innovaciones o “experimentos sociales”.  Y que haya claramente una clase de los “pura sangre” y las otras, al margen de los ingresos económicos que tenga.

Hasta el papa Francisco les dijo que Colombia no se hace solo con los de “pura sangre[i]. Como corolario se tiene que ésta es tan pequeña, que casi todos se conocen, dificultando el ingreso a los “nuevos”, que no accedieron a los colegios donde se les inculca que ellos son mejores que los demás.

Clasismo normado

Colombia, tiene una normativa de “estratos” con el objetivo de una gestión “equitativa” de los subsidios cruzados que se otorgan a la población. Estos subsidios se otorgan según los seis estratos:  donde el 1 es el más bajo y el 6 el más alto.  El número al cual perteneces aparece en los recibos de servicios públicos y otros. Es un aviso permanente además que le indica al colombiano común y corriente qué lugar ocupa en la sociedad. La clase media, estrato 4 representa el 11% del total.

Recibo con estrato

Este número de estrato se coloca comúnmente ahora a la hora de presentar sus hojas de vida para cualquier trabajo, e incluso a la hora de participar en redes sociales, incluyendo las de búsqueda de parejas: talla, peso, foto y estrato

Entonces, producto de esa política pública se ha propiciado una mayor segregación, haciendo que sea más difícil que individuos de distinta clase se encuentren en un mismo espacio.

Población de Colombia por estratos, 2018

Si a ello le agregamos la profundización del narcotráfico, que en los últimos años ha pasado de 50,000 hectáreas cultivadas de coca y otros, a más de 200,000. Tenemos un territorio donde la ley del más fuerte y armado se aplica sobre un estado con una limitada presencia en gran parte de su territorio. Colombia a pesar de tanto mercadeo, vuelve a ser un narco estado.

Los mediadores

La iglesia católica de facto y el gobierno de Cuba, fueron y son mediadores en el proceso de paz de Colombia. No hay organización 100% monolítica en la historia, siempre hay tendencias, facciones, la Iglesia católica la tiene y el partido comunista que gobierna de Cuba también.

Un grupo de economistas del CEEC (Centro de Estudios de la Economía Cubana), entre otros, propicio el establecimiento de una economía mixta de capitalismo de Estado e incluso, algunos, propugnaban una economía netamente capitalista. Esperanzados por un cambio en las condiciones del bloqueo con Obama, muchos ingenuos creyeron que el conflicto entre lo que representa Cuba y lo que representa Estados Unidos era cosa del pasado. Que la alianza con sectores “progresistas” (léase “demócratas” de los Estados Unidos) era viable y fructífera para solucionar entrampamientos en la relación entre ambos estados.  La época de apoyar revoluciones había pasado. Y el caso de las FARC se podía, por fin, “resolver”.

Arreglo durante la visita de Obama a La Habama

La iglesia católica cubana, que había facilitado los contactos iniciales con la administración norteamericana, recibió algunos beneficios adicionales; desde la facilidad para sus manifestaciones religiosas públicas, a participar activamente en el ciberespacio, y gestionar centros de formación, entre ellos: el Centro Cultural Félix Varela, donde se forma “emprendedores[ii]” (como lo hace cualquier  ONG subsidiada por la NED en cualquier parte de Latinoamérica) donde se les dice que serán los futuros empresarios en una “Cuba normal”. Hace ocho años, incluso un redactor de la página oficial de la arquidiócesis, escribió que “no hay que tenerle miedo a la riqueza, que la desigualdad social NO es problemática[iii].

En ese contexto, las tendencias de las FARC en favor a un acuerdo, se sintieron con más seguridad para continuar las negociaciones.

Se firmó un acuerdo, donde una de las partes no recibía casi nada, y la otra ponía condiciones que nos hacía recordar el tratado de Versalles al final de la primera guerra mundial. Tanto así, que el victorioso y perspicaz mariscal Foch, dijo en 1918 al ver el texto: “Esto no es un tratado de paz, es un armisticio de veinte años.” Y no se equivocó.

Masacre de mejor esquina, óleo de Botero.
“Los agarraron cuando estaban bailando”

Resultados

Al margen que la llegada de Trump mostrara como funciona realmente el capitalismo.

En Colombia, luego de la firma, el sector que había ganado, recurrió a la cacería de líderes sociales y ex guerrilleros. Medio millar de promotores y sindicalistas fueron asesinados, y lo siguen siendo; a la par que dos centenares de ex combatientes y sus familias.

Violencia en Colombia, óleo de Botero

Cuando el hijo del tesorero del partido liberal y ex gobernador de Antioquía y ex alcalde de Medellín, Iván Duque logra acceder a la presidencia, con el aparato de Uribe, éste se dedica inmediatamente a romper de facto los compromisos del acuerdo con las FARC: le quitó el financiamiento, no cumplió los temas más relevantes; obviamente no impulsó un milímetro la reforma agraria en un país que no ha tenido una en términos reales. Y dejó que la cacería siguiera. Eso sí, su subordinación a los norteamericanos, incluyendo la condición de extraterritorialidad a sus soldados, se mantiene.

Cualquier gestor inteligente podría haber implementado los acuerdos ya favorables y quitar legitimidad a los contrarios, haciendo de su victoria, una real y trascendental. Sin embargo, su espíritu de clase, la intención de mantener la inseguridad para que su propuesta sea votada[iv]; hizo que el deseo de humillar al vencido prevaleciera.

El resultado es que los “vencidos” han retornado a las armas. Colombia, para ser tierra de paz tendría que realizar amplios cambios estructurales, y esa clase gobernante no lo permitirá a las buenas. La paz que parece gustar será la paz de los cementerios; peor si la socialdemocracia interviene.

Manuel Marulanda, “Tirofijo” Oleo de Botero



[i] https://www.celag.org/papa-francisco-le-habla-la-clase-politica-colombiana/

[ii] https://proyectocubaemprende.org/

[iii] Orlando Márquez, “Sin miedo a la riqueza”, Palabra Nueva: Revista de la Arquidiócesis de la Habana, n.º 203 (enero de 2011), http://palabranueva.net/contens/1101/0001014.htm

[iv] En las clases más bajas y poco educadas, ligadas a las sectas protestantes, ha calado el discurso que el acuerdo con las FARC era una violación a la familia tradicional, dado que la “izquierda” afecta con el aborto y los derechos del sector LGTB lo que “Dios manda”.  El pastor Héctor Pardo, asesor del Consejo Evangélico de Colombia dijo que sus fieles dijeron NO al acuerdo con las FARC.


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